En el corazón del elegante Manhattan existen un club al que sin dudas todo viajero quiere pertenecer. Un club privado que nació en 1904 con un solo objetivo el de acabar con la “terra incognita”, apoyando  y a las exploraciones y expediciones científica por todo el mundo ya sea por tierra o mar, además de la atmósfera y el espacio.

Desde sus inicios los miembros del Explorers Club han realizado una serie de logros pioneros en el mundo de la exploración como la llegada al: Polo Norte, el Polo Sur, la cumbre del Monte Everest, el punto más profundo de los océanos del mundo, e incluso la superficie lunar, ya que el propio Neil Armstrong fue miembro del club.

Los estatutos del propio club dictan que cuando se alcanza el objetivo de expedición de una expedición reconocida, se debe izar la propia bandera del club. Con Armstrong se tuvo que hacer una excepción en la luna ya que por una cuestión de estado obvia tuvo que izar la bandera de los Estados Unidos, sin embargo llevó igualmente una bandera del club siempre consigo en el módulo lunar.

La casa central del Explorers Club se encuentra en el barrio Upper East Side de Nueva York. Allí una mansión de renacimiento jacobea de seis pisos, alberga una magnífica  colección de artefactos de más de un siglo de exploraciones. Y por suerte para todos nosotros lo muchas de sus salas están abiertas al público y pueden visitarse, con tan solo pagar una entrada de $25 dólares.

Upper East Side, una mansión de renacimiento jacobea de seis pisos en East 70th Street, donde alberga la Biblioteca de Exploración James B. Ford, Sir Edmund Hillary Map Room y una colección de artefactos de más de un siglo de exploración. El edificio fue anteriormente el hogar de Stephen C. Clark. Ciertas salas designadas del Club están abiertas al público en general.

Aquí entre trofeos, mapas y fotografías de expediciones, podremos apreciar algunos trofeos de cacería de las expediciones del Smithsonian, como un guepardo, un gran oso y león disecados. Pero sus tesoros no se solo en eso, también encontraremos un controvertido trozo de cuero cabelludo de yeti del Tíbet, una primera edición de la descripción de Egipto de Napoleón; un colmillo de mamut de Alaska, la piel de una tigresa nepalí devoradora de hombres y el marfil de un elefante de cuatro colmillos, una rara anomalía genética del Congo, y muchas curiosidades viajeras más.

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