A tan solo una hora de viaje por carretera desde las paradisíacas playas de Rio de Janeiro, nos encontraremos con Petrópolis, una ciudad con pasado imperial de Brasil. Una pequeña ciudad que lo tiene todo: palacios, museos, jardines y casonas señoriales en medio de un encantador entorno serrano.

Petrópolis se localizada a tan sólo 68 kilómetros de Río de Janeiro, la ciudad debe su nombre a su fundador el emperador Pedro I (del griego “petro” y “polis”, que se traduce a “ciudad de Pedro”), quien proclamó la independencia de Brasil de Portugal en 1822 y el año 1830 adquirió unas tierras en este municipio para construir la residencia de vacaciones de su familia.

Pero su plan tuvo que esperar unos años, hasta que su heredero Pedro II contrató a un ingeniero militar alemán, Júlio Frederico Koeler, que se encargará de dar forma al poblado de Petrópolis y además construyese un palacio, una iglesia y un cementerio, naciendo así la “San Petersburgo” del Trópico.

Qué ver y hacer en Petropolis:

Lo primero que nos llama la atención al llegar a la ciudad es el imponente Palacio Quitandinha. Un grandioso edificio blanco, de estilo normando-francés, el cual fue construido en 1944 para ser el hotel y casino más grande de sudamérica, aunque su sueños de grandeza duraron poco ya que 1946 se aprobó una ley que prohibió los juegos de azar en todo Brasil, llevando al hotel a la bancarrota. Luego y por un tiempo, el palacio se convirtió en un club de millonarios, hasta que hoy en día las habitación se convirtieron en departamentos privados y sus áreas públicas (su pista de patinaje sobre hielo, el complejo de bolos, un teatro y un restaurante) están abiertas al público.

Otro de los infaltables de la ciudad es su palacio imperial, una impresionante construcción de color rosa rodeada por la frescura de su jardín, que sirvió como residencia de verano de la familia imperial durante décadas y residencia oficial de los presidentes del país carioca. Hasta que en 1943 se convirtió en museo, el cual tiene el mayor archivo histórico del país, con más de 200.000 documentos, mapas y fotografías, además de un sinfín de objetos de la época.

A poca distancia de la residencia imperial se encuentra otro monumento, el Palacio de Cristal. Inspirado en el Crystal Palace de Londres, este invernadero de lujo, servía de salón de fiestas y encuentros de la aristocracia, además de alojar exposiciones de aves y flores tan de moda durante la época. Una vez al año aquí se lleva a cabo el Bauernfest, una tradicional fiesta que conmemora la llegada de los colonos alemanes a la ciudad y donde no falta la clásica cerveza, las salchichas y lugareños con tiradores y peculiares gorros de estilo germano.

Como toda ciudad imperial, su catedral no podia quedarse atras. La Catedral de San Pedro de Alcántara se destaca por la altura de su campanario, que se eleva a unos 70 metros del suelo. En su interior esta iglesia de estilo neogótico francés, alberga el mausoleo de la Princesa Isabel, última heredera del imperio de Brasil y conocida por haber firmado la Ley Aurea que en 1888 abolió la esclavitud en el país.

Otro de los atractivos de la ciudad es el Museo de la cerveza Bohemia. Ubicado muy cerca del Palacio de Cristal, esta antigua fábrica de cerveza fue construida inaugurada en 1853, por inmigrantes alemanes. Al visitarlo descubriremos su historia y veremos el complejo proceso de elaboración de este preciado líquido dorado. Además a finalizar el recorrido podemos participar de una pequeña degustación de los productos de la marca.

Cómo llegar:

Para viajar a Petrópolis desde la ciudad de Río de Janeiro, puedes dirigirte a la estación de autobuses de Rodoviario Novo Río, ubicada en la Avenida Francisco Bicalho, 1, allí hay que coger los autobuses de las empresas Unica y Fácil, que parten hacia Petrópolis aproximadamente cada 40 minutos, desde las 05:30 de la mañana hasta la media noche. El valor de cada billete por trayecto es de unos R$20.

El viaje de aproximadamente una hora, atraviesa las verdes montañas de la Serra dos Órgãos, hasta el Rodoviario de Petrópolis, en las afueras de la ciudad. Desde alli es fácil tomar los buses locales que llevan al centro histórico en pocos minutos.

Un dato más que curioso:

Los petropolitanos habitan en la última ciudad brasileña que aún se adhiere a un antiguo impuesto imperial, el laudemio. Un extraño impuesto que estipula que todo aquel que compre un terreno en la ciudad, debe pagarle el 2,5% del valor del inmueble a los descendientes de Don Pedro II, el último emperador de Brasil.

Un impuesto de lo más extraño si consideramos que ya pasaron más de 125 años de la proclamación de la República, y aun así los herederos de la extinta Casa Real brasileña siguen teniendo privilegios de tiempos imperiales.

Este impuesto se aplica concretamente a los edificios del llamado primer distrito de Petrópolis, la región central de la ciudad, área donde antiguamente se localizaba la Hacienda de Córrego Seco que pertenecía a Don Pedro II. En el siglo XIX, el entonces emperador brasileño dividió el terreno cedido a la explotación a terceros que, por su parte, pagarían un impuesto a la familia real cuando la propiedad cambiase de manos.

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