Los Pasteles de Belén, o los pasteles de nata como se los conocen por su nombre “genérico”. Son un verdadero clásico de la pastelería portuguesa. Cuando viajes por Portugal notaras que estos pastelitos se encuentra prácticamente en todos los cafés y pastelerías del país.  Estas exquisitas tortitas tienen unos 8 cm de diámetros y están rellenas de una especie de crema pastelera, que tienen una gran suavidad y equilibrio en su sabor.

La historia dice que fue en el siglo XVIII cuando los monjes del convento Lisboeta de los Jerónimos, situado en la freguesia de Belém, a las afueras de Lisboa, crearon estos icónicos pasteles por primera vez. Varios años después, cuando el monasterio fue cerrado en 1833, el panadero del convento vendió la receta de estos pastelillos, al empresario portugués Domingos Rafael Alves, el cual años después fundó la Casa Pastéis de Belém.

Desde entonces esta panadería sigue vendiendo los Pasteles de Belén siguiendo la receta original del monasterio. Tanto la masa como la crema del relleno se elaboran a puerta cerrada, en la llamada “oficina del secreto” de la panadería, en un proceso que dura dos días. La masa es de hojaldre, y la crema tiene una base fundamental de yema de huevo, leche y azúcar. Se dice que solo tres personas en el mundo saben las proporciones exactas de esta preparación.

Como nota de color podemos agregar que estos pastelillos son también muy populares en China, donde fueron conocidos por medio de la colonia portuguesa de Macao. En china son conocidos como “dan ta” (蛋挞) que viene a significar algo así como pastel de huevo.

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