El centro de la moderna Berlín es un lugar donde el pasado convive con el presente y la memoria y los horrores vividos por el pueblo berlinesa se conserva con un sin fin de monumentos. Uno de estos lugares dedicados a la memoria es este bello edificio neoclásico, el cual a lo largo de sus doscientos años de existencia ha servido para homenajear a distintos momentos de la historia alemana.

Su bello edificio fue levantado en 1818 como una casa de guardia para el Palacio Real de Königliches. Este era el lugar de descanso de las tropas del príncipe de Prusia, función que cumplió hasta la revolución alemana de 1918 y la caída de la caída de la monarquía alemana.

Luego en 1931, el estado libre de Prusia encargó al arquitecto Heinrich Tessenow que rediseñara el interior del edificio como un monumento conmemorativo para conmemorar a los soldados que murieron en la Gran Guerra. Para ello se despejó toda su planta y se la recubrió en granito, también se abrió un gran agujero en el techo, llamada “el óculo”, el cual permitía la entrada de los elementos al interior del edificio, algo similar al Panteón de Roma.

En esos años el Neue Wache era conocido como el “Memorial del Gobierno del Estado Prusiano”, y durante el nazismo este edificio era el epicentro de los homenajes a los soldados caídos en batalla y otras ceremonias de estado.

Durante la segunda guerra mundial el Neue Wache sufrió graves daños, pero su estructura siguió en pie. Tras la ocupación soviética y la creación de la República Democrática Alemana su interior fue remodelado nuevamente, para convertirse en un “Monumento a las víctimas del fascismo y el militarismo “. Se coloco en unos de sus paredes el típico estandarte del martillo y la oz, además de una estructura de vidrio con una llama eterna en el centro de la sala. También se enterraron aquí los restos de un Soldado Desconocido y de una víctima del campo de concentración nazi sin nombre. 

En aquellos años dos soldados servían como guardias de honor permanentemente, y se realizaba una ceremonia de Cambio de Guardia todos los miércoles y sábados, la cual era una de las atracción turística más importantes de la Berlín comunista de esos días.

Tras la caída del muro y con la llegada de la reunificación alemana, el Neue Wache fue nuevamente modificado en 1993, sirviendo como el ” Monumento central de la República Federal de Alemania para las víctimas de la guerra y la dictadura”. Se retiraron las piezas alegorías al comunismo y se colocó la escultura que vemos hoy en dia: la Madre con un hijo muerto de Käthe Kollwitz, también llamada La Pietá Kollwitz. Al estar debajo del óculo, esta estatua se encuentra expuesta al sol, la lluvia y la nieve, simboliza el sufrimiento de los berlineses durante la Segunda Guerra Mundial.

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