Al recorras las agencias de turismo de Ushuaia veras repetida en cada una de ellas el mismo cartel la “excursión al faro del fin del mundo”, un nombre sin dudas bastante romántico y épico, pero que encierra cierta mentira “piadosa” para llamar nuestra atención, pero que no le quita el encanto a esta atracción de la ciudad austral.

Estamos hablando del “Les Éclaireurs”, un faro localizado en unos islotes del mismo nombre que sobresalen de las aguas del famoso canal Beagle. Su nombre puede traducirse al español como “Los Exploradores” y fue dado por el Capitán de Fragata Luis Fernando Martial, el cual comandó la expedición francesa La Romanche en los años 1882-1883.

Sin embargo su apodo del “faro del fin del mundo” es un nombre prestado de otro icónico faro argentino, el San Juan de Salvamento, ubicado en la Isla de los Estados, en las peligrosas aguas del atlántico sur. Cuando Julio Verne conoció la existencia de este faro se inspiró para una de sus novelas más famosas, El faro del fin del mundo, publicada póstumamente en 1905. Un libro casi de lectura obligatoria para los amantes de la aventura.

El Les Éclaireurs, fue construido unos 15 años después de la publicación de este libro, más concretamente en 1920. Su construcción es la típica que todos tenemos en mente cuando pensamos en un faro. Una torre circular de unos 11 metros de altura por 3 de diámetro. Sus pàredes de ladrillos muestran tres franjas: roja, blanca y roja. En la parte más alta una linterna emite una luz de color blanco y rojo a intervalos de 5 segundos, la cual tiene un alcance de más de 13 kilómetros.

Desde hace ya varias décadas el faro no tiene más torreros, y sus luces se encienden de forma automática cada vez que el sol cae sobre las aguas del canal. Su potente luz es alimentada por paneles solares y todavía continúa protegiendo a las embarcaciones que entran al puerto de Ushuaia.

Si quieres conocerlo al Faro Les Éclaireurs en vivo y en directo tendrás que contratar uno de estos tour, los cuales parten varias veces al día desde el puerto de la ciudad de Ushuaia. Luego de una hora de navegación, los catamaranes se acercan hasta unos pocos metros del islote donde está el faro, al alcance de nuestra cámara fotográfica y permanece rodeándolo durante varios minutos, para poder apreciar todos sus ángulos, todo esto mientras los guías de la embarcación nos cuentan su historia.

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