Con el boom de las cervecerías artesanales de los últimos años han aparecido distintos tipos de cervezas con gustos cada vez más innovadores y extravagantes. Cervezas de miel, con gusto a nueces, chocolate o incluso maracuyá… aunque estas son realmente cervezas?

Buenos sí le preguntamos a los alemanes seguramente dirán que no, ya que en el país germano una ley que estuvo vigente casi 500 años marcaba de manera muy estricta cuales eran los únicos ingredientes válidos para que una cerveza fuese considerada como tal.

Agua, cebada malteada y lúpulo, estos son los tres ingredientes que tiene que tener una cerveza según la Reinheitsgebot, la Ley de pureza de 1516 establecida en ciudad bávara de Ingolstadt, junto al río Danubio en Alemania.

Si quieres elaborar una cerveza en la alemania del Siglo XVI, tenías que asegurarte cumplir con los requisitos de esta ley, la cual sorprendentemente estuvo vigente hasta su abolición en 1986, al ser sustituida por las regulaciones de la Unión Europea.

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La Reinheitsgebot se creó para evitar la competencia de precios con los panaderos por el trigo y el centeno. La restricción de los cereales a la cebada tenía por objeto garantizar la disponibilidad de pan asequible, ya que el trigo y el centeno estaban reservados para su uso por los panaderos. Otra motivación fue que se encontraba en que Guillermo IV de Baviera tenía el monopolio de la cebada. De esta manera, al no poder comprarle a nadie más un ingrediente básico para la elaboración de esta bebida, no sólo aumentó sus ventas, sino también el precio, ya que no tenía otros cereales competidores.

El conservadurismo religioso también jugó un papel importante en la adopción de esta regla, ya que se reprime el uso de plantas que supuestamente fueron utilizadas en rituales paganos, como el gruit.

 

La ley no menciona la levadura, que fue descubierta en 1880 por Luis Pasteur como parte del proceso de fermentación de la cerveza. Antes de conocer el mecanismo de fermentación, los cerveceros usualmente tomaban el sedimento de una fermentación previa y lo agregan a una nueva. Si no lo podían obtener, usualmente ponían una serie de vasijas y en el proceso aparecía “por sí sola” la levadura.

Hoy en día unos cinco siglos después de su implementación algunos fabricantes de cerveza alemanes continúan usando la palabra “Reinheitsgebot” en el etiquetado y comercialización de sus cervezas, como una forma de garantizar que esta es una verdadera y auténtica cerveza alemana.

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