Para muchos, pasar el resto de su vida en medio de una isla paradisíaca, con una vegetación selvática, un más que cálido clima y aislados del resto del mundo por un océano de aguas cristalinas, puede ser el deseo más preciado, sin embargo, esta pequeña isla de la Guayana Francesa fue el lugar más temido para ciento de miles de prisioneros franceses, los cuales fueron recluidos en esta isla, la cual tenía una reputación tan temible, que se la apodó como: “Île du Diable”.

Esta isla rocosa y de abrumadora vegetación tropical tiene tan solo unos 14 hectáreas, y forma parte de un grupo de tres islas (Islas de la Salvación), las cuales están ubicadas a unos 11 km de la costa de Guayana Francesa y a unos 48 kilómetros de Cayenne, la capital de este territorio.

En 1851 el mismisimo Napoleón III, ordenó que se construyera aquí una colonia penal con dos objetivos, el primero era descomprimir el sobrecargado sistema carcelario francés que está llegando a su límite con prisiones sobrepobladas y el segundo el de poblar la colonia de Guayana, la única que Francia poseía en sudamérica. Algo muy similar al sistema ideado por los británicos en Australia.

Esta cárcel funcionó desde el siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX. Debido a su aislamiento dos tipos de prisioneros eran seleccionados para la nueva cárcel, los residentes que volvían a caer en el delito y los presos políticos. A los pocos años de inaugurarse y gracias a la abundancia de enfermedades tropicales, la escasa asistencia sanitaria, la violencia entre presos y la inhumanidad con la que eran maltratados sus prisioneros, esta prisión ganó su terrible fama y su singular apodo.

Ningún convicto quería terminar allí y se decía que la única manera de salir de allí era muerto, algo que parece real, porque segun las estadisticas en sus peores años, la isla del diablo tenía una tasa de mortalidad superior al 75%. Si bien existían celdas, los prisioneros están sueltos por la isla, tentados a nadar las correntosas aguas que lo separaban de la costa para después recorrer kilómetros por la selva impenetrable, una misión casi imposible de lograr.

Desde 1852 hasta 1953, el año en que cerró definitivamente, llegaron a pasar por aquí más de 80.000 prisioneros. La mayoría de los prisioneros regresaron a Francia, aunque algunos decidieron quedarse en la Guayana Francesa de forma.

Hoy en día en estas islas presidios son uno de los principales atractivos turísticos de la Guayana Francesa y uno de los legado más importante de su historia. Las dos islas más grandes del grupo de islas Salut están abiertas al público; con algunos de sus antiguos edificios carcelarios restaurados como museos. La propia isla del Diablo está totalmente deshabitada y si quieres llegar a ella tendrás que alquilar un bote a alguno de los lugareños dispuestos a hacer la travesía.

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