La isla de Hashima es la historia de una isla fantasmal y silenciosa pero que conserva los restos de una arquitectura singular como testigo mudo de una época casi olvidada de la historia industrial de Japón.

En el año 1959 la isla de Hashima, de poco más de un kilómetro cuadrado, había llegado a alcanzar una densidad de población de 83.500 personas/km² en toda su superficie, lo que históricamente supone una de las mayores densidades de población registradas en el mundo.

La historia de Hashima se remonta a 1887, después del descubrimiento de una veta de carbón en el subsuelo marino, a unos doscientos metros por debajo del nivel del mar. A los pocos años la compañía Mitsubishi compró la mina y comenzó su explotación comercial.

Con el tiempo poco a poco, dado que los trabajadores no podían salir de la isla y que esta tenía unas medidas bastantes reducidas, se construyó todo tipo edificaciones en la ciudad. Cines, teatros, escuelas, decenas de tiendas, restaurantes, peluquerías, salones de té, gimnasios, templos para las oraciones, una pequeña comisaría, una oficina de correos, baños públicos y un burdel… en fin, todo las instalaciones y servicios necesarios para la subsistencia de esa comunidad.

Durante la segunda guerra mundial, la producción anual de carbón de Hashima alcanzó un máximo de cuatrocientas diez mil toneladas. Sin embargo, este logro tuvo un alto precio en el sufrimiento humano, el Gobierno japonés reclutar forzosamente a una gran cantidad de coreanos y chinos para cubrir los puestos vacíos en sus fábricas y minas. En agosto de 1945, cerca de mil trescientos trabajadores habían muerto en la isla, algunos en accidentes subterráneos, otros de enfermedades relacionadas con el agotamiento y la desnutrición y otros por saltar desde lo alto de las paredes amuralladas para tratar en vano de nadar hacia tierra firme.

La isla era tan pequeña que según los relatos de un ex-minero, que vivio en ella muchos años, se podía caminar entre dos puntos cualquiera de la isla en menos tiempo que el necesario para terminar un cigarrillo.

Aunque parezca extraño la isla no fue abandonada a causa de una guerra ni como resultado de un desastre nuclear; los verdaderos motivos del abandono fueron económicos.  En el año 1974, la compañía Mitsubishi cerró la mina por no serle ya rentable el tema del carbón y desde entonces. Ya si trabajo ni manera de subsistir, miles de familias se vieron forzadas a abandonar la isla, dejándola completamente deshabitada. Fue tan rápido y abrupto el abandono de esta ciudad, que algunas familias incluso dejaron parte de sus muebles, ya que era más económico comprar unos nuevos que el traslado de la isla.

Como en el resto de lugares abandonados del mundo, el clima y los años se han encargado de transformar lo que fue una ciudad llena de vida en un montón de escombros y de edificios fantasmales.

Para visitar la isla de Hashima, debemos dirigirnos a la ciudad de Nagasaki, que la separan de la isla por 24 kilómetros de mar, unos 50 minutos en barco. Desde la terminal de transbordadores de puerto de Nagasaki, distintas empresas realizan tours diarios a la isla, en excursiones que duran 3 o 4 horas en total y cuestan unos $4500 yenes. Hay que estar atentos a las condiciones climáticas, ya que si se presenta mal tiempo en la zona, las altas olas no permiten desembarcar en la isla, lo cual hace que se cancelen las salidas.

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