Creada hace más de cien años con la intención de poblar la región más austral del país, fue en principio el lugar ideal para remitir y comenzar una nueva vida, pero terminó convirtiéndose en un infierno de hielo que albergó a los criminales más peligrosos de Argentina, presos políticos y el peor lugar para ser desterrado.

La idea de crear una cárcel en estas latitudes surge de la necesidad imperiosa que tenía el estado de poblar y mantener la soberanía de estas tierras. Así fue como en los últimos años del siglo XIX, se crea un proyecto de colonias penales en la patagonia, inspirada en el modelo británico, una manera de poblar forzosamente esta región, donde los detenidos podrían llevar a sus familiares y una vez terminada su condena podrían establecerse allí, pero esta vez como hombres libre, algo así como una Australia a la argentina.

La primer prisión funcionó en la Isla de los Estados, entre los años 1884 y 1889, pero se decidió trasladarla a la ciudad de Ushuaia debido a las fuertes inclemencias climáticas. En 1902 se comenzó a construir la actual prisión, en los terrenos de la base naval y estaba destina exclusivamente al personal militar del Estado Argentino. Recién en 1917 esa cárcel cambió su destino original y fue ampliada incrementando sus pabellones para albergar presos comunes.

Los primeros detenidos que habitaron el penal fueron consultados y estrictamente seleccionados antes de su traslado, basándose en su buena condiciones físicas y psicológicas, además de sus conocimientos en oficios, que sirvieron para construir el mismo penal.

Pero este modelo carcelario duró muy poco, ya que las siguientes camadas de detenidos trasladados incluyeron a los presos reincidentes y más peligrosos del país, algo así como las ovejas negras del sistema carcelario argentino, creando la leyenda de dureza que envolvió al penal durante toda su vida operativa.

Los presos eran obligados a trabajar durante horas, talando árboles y juntando leña para alimentar las calderas del penal y la usina que provenía de energía eléctrica a la ciudad de Ushuaia. El penal fue uno de los principales motores de la actividad económica de la ciudad, además de proveer de leña y materiales de construcción a la ciudad, en sus talleres se fabricaban muebles y hasta funcionaba una imprenta donde se imprimió los primeros diarios de la ciudad.

En la década del 30 la prisión de Ushuaia  comenzó a utilizarse como un lugar de detención para los presos politicos del pais. Condición que incrementó aún más las condiciones de sobrepoblación del penal. Esto sumado a la crueldad de sus guardiacárceles y los castigos que estos infringir en los detenidos, incrementaron aún más la pesima reputacion del presidio.

Finalmente en 1947, durante la presidencia de Perón, el penal fue cerrado por cuestiones Humanitarias y su edificio fue  transferido a la Armada Argentina,  desde ese momento las instalaciones del presidio fueron utilizadas, entre otros fines, como depósitos de materiales y hasta como barracones de soldados.

Casi cincuenta años después, en 1994 una asociación civil ushuaiense, consiguió que la Armada desafectara del uso militar tanto el predio como el edificio del presidio, y gracias a la colaboración de las autoridades y el aporte de fotos y material de variados orígenes se inauguraron en el edificio dos museos: el del Presidio, y el Museo Marítimo de Ushuaia.

Hoy en día, puede visitarse dos de sus cinco pabellones, uno de ellos el cual fue restaurado, el cual cuenta la historia del presidio y sus presos más famosos, otro fue mantenido intacto en su estado original de como fue cerrado. Además funciona en otro de los pabellones una tienda de souvenirs, y en otro el Museo de Arte Marino Ushuaia.

El museo se mantiene abierto todo el año, de Marzo a Diciembre de 10 a 20 hs y de  Enero a febrero de 9 a 20 hs. El precio de los tiquetes es de $350 para extranjeros y $250 para argentinos y ciudadanos del mercosur, con un descuento adicional para docentes y estudiantes.

La visita al presidio se complementa a la perfección con el tren del fin del mundo, el cual fue construido por los mismos presos para internarse en el bosque, aunque originalmente salía de los terrenos de la cárcel y atravesaba la ciudad, hoy en dia solo se pueden recorrer los últimos ocho kilómetros de esta vía.

Al recorrer los fríos pasillos del penal, podrás sentir a flor de piel la historia de las miles de almas que aquí habitaron, muchos de ellos volvieron al continente al cumplir sus condenas pero para muchos otros, estos muros fueron su último refugio en estas tierras australes.

 

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