Al llegar a Iruya por primera vez, la primera impresión que tiene cualquier viajero, es la de estar enfrente de un pueblo colgado en la montaña o, tal vez, una isla montañosa, ya que este pequeño pueblecito salteño está completamente rodeado por los ríos Milmahuasi y Colanzulí.

Sus edificaciones de un marcado estilo colonial se complementan con sus callejuelas estrechas y los imponentes paisajes con vistas panorámicas de toda la región de la sierra de Santa Victoria.

Los habitantes originarios de Iruya, descendientes de los incas, siguen manteniendo sus tradiciones ancestrales, aquí las vestimentas, costumbres y viviendas de adobes, piedras y paja, han mantenido su tradición a lo largo de 250 años. Un poblado que recién en los últimos tiempos se ha abierto a la modernidad (cabe mencionar que la luz eléctrica llegó a Iruya recién en 2008), impulsada seguramente por el boom turístico que está viviendo el norte argentino.

El pueblo fue fundado oficialmente en 1753, aunque las actas de nacimiento encontrados en la parroquia de Humahuaca indican que la presencia de habitantes se remonta a un siglo más atrás de su fundación. Desde tiempos inmemoriales sus habitantes se dedican a la cría de ganado, como ovejas, cabras y en menor medida la llamas, y también practicaban la agricultura, cultivando maíz, papas, ocas y otros productos agrícolas. Incluso hoy en día sus habitantes siguen subsistiendo mediante estos cultivos y la práctica del trueque.

Además de recorrer sus bellas callecitas, en los alrededores del pueblo se pueden realizar distintas actividades como cabalgatas, travesías en 4×4, trekking y safaris fotográficos. También se puede hacer una caminata de 8 km hasta los pueblitos San Isidro y San Juan o conocer las ruinas de Titiconte, ubicado a unos 8 km al este de Iruya.

A la hora de dormir, el pueblo ofrece una amplio espectro de hospedajes: se consiguen desde un hotel boutique ($1800 ARG la habitación doble) hasta albergues con habitaciones compartidas a $100 ARG por persona, y distintas opciones que se adaptan a todos los tipos de viajeros.

Cómo llegar:

La mejor manera de llegar a Iruya es partir del pueblo de Humahuaca, desde allí parten buses de lunes a Domingo en tres frecuencias diarias. El tiempo de viaje es de aproximadamente unas unas 3 horas, en un trayecto total de 76 kilómetros por los caminos serpenteantes. El costo de cada boleto es de unos $100 ARG aproximadamente y puede comprarse en las boleterías de la terminal de Humahuaca.

Desde la terminal de San Salvador de Jujuy, también sale un servicio directo de la compañía Panamericano de Jujuy S.A. Este bus sale a las 6.00 desde San Salvador de Jujuy, pasa por Purmamarca a las 7.30, por Tilcara a las 8.00 y a las 8.30 por Humahuaca para llegar a las 11.30 a Iruya.

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