La London Necropolis Railway, o mejor conocido por los londinenses de principio de siglo xx como el tren de los muertos, no se trata de una atracción de terror de una feria itinerante, sino de un ferrocarril privado que funcionó en la capital inglesa desde 1854 hasta 1941.

Esta curiosa línea ferroviaria era empleada exclusivamente para el transporte de difuntos y sus familiares desde el centro de la ciudad hasta su lugar final de descanso.

tren de los muertos

En la Londres victoriana, el tema de enterrar a los difuntos era un verdadero problemas, se carecían de lugares adecuados y la epidemia de cólera de 1848 agravo la situación dejando más de 15.000 muertos.

Es por eso que en 1855 se creo el London Necropolis and National Mausoleum abrió sus puertas en Brookwood, a 40 kilómetros al sudoeste de Londres. Con más de 2000 hectáreas era el cementerio más extenso del mundo.

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Para atender este nuevo caudal de entierros en las afueras de londres, se decidió crear este particular ferrocarril. La London Necropolis Railway, con su estación terminal en el 121 de Westminster Bridge Road, en Waterloo. El edificio que aún existe – reemplazó al original en 1899 – era el punto de partida de los trenes que tras recorrer 39 kilómetros llegaban a las dos estaciones construidas en el mismo cementerio; los trenes hacían parada primero en la estación Norte del cementerio, utilizada por los protestantes y posteriormente en la estación del lado sur, que servía a las comunidades Anglicanas.

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Las frecuencias en principio fueron diarias y utilizaban trenes compuestos en  vagones de pasajeros, para los vivos, y coches mortuorios para los ataúdes. Además de la división entre religiones, una para anglicanos y otra para protestantes; los trenes contaban con vagones de primera, segunda y tercera clase con distintos niveles de confort dependiendo de lo que los dolientes estuviesen dispuestos a pagar. Esta distinción de clases se aplicaba también a los coches fúnebres que se enganchaban detrás de los vagones de pasajeros.

 

 

Durante la segunda guerra mundial, la terminal de londres fue bombardeada y nunca volvió a reconstruirse ya que el negocio dejó de ser rentable. En 1948 se levantaron las vias y se convirtieron en caminos de tierra, la terminal de Waterloo fue vendida y las estaciones del cementerio fueron convertidas en bares para los asistentes a los funerales. Este fue el final del ferrocarril fúnebre más grande del mundo.

 

 

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