En 1990, se comenzó a detectar que las personas que realizaban viajes de larga distancia en avión, tenían un riesgo mayor de sufrir trombosis en sus extremidades (en particular la especialmente trombosis venosa profunda), especialmente los pasajeros de de clase económica; por eso el terrible nombre de… el síndrome de la clase turista.

Lo cierto es que el nombre se originó en que se relacionó el problema con el reducido espacio entre asientos de los aviones en clase turista de la mayoría de las compañías aéreas y porque los ocupantes de estos eran comúnmente los que sufrían los problemas circulatorios, aunque después se ha demostrado que ese no es el problema en su totalidad, sino la falta de ejercitación de las piernas en un prolongado tiempo (independientemente de la clase en que se viaje, y si es en avión o en micro o cualquier otro lugar donde estemos con reducción en movimiento durante períodos prolongados).

Los síntomas pueden manifestarse con posterioridad al vuelo en forma de hinchazón, dolor, o bien hormigueo en las extremidades. Se recomienda acudir al médico para que en caso de haberse iniciado un coágulo prescriba la medicación adecuada.

Pero que no cunda el pánico, obviamente esto puede prevenir de muchas maneras. Podemos realizar ejercicios de repetición, moviendo nuestras piernas y pantorrillas de manera circular estando sentados, caminar un poco por el pasillo del avión, por lo menos cada una o dos horas; si estamos sentados en el asiento próximo al pasillo podemos estirar nuestros pies con más facilidad, tratar de beber agua con regularidad (ya que la deshidratación es otro de los causantes); acomodarse la ropa, calzado y cinturones de forma que no impidan la circulación.

Para pacientes de alto riesgo, tomar una aspirina antes o durante el vuelo puede ser de gran ayuda.

Comentarios

comments

Escríbenos:

info@alrededordelmapa.com