Bellos jardines decorados con fuentes y estatuas, grandes salones lujosamente ornamentados y todo la grandilocuencia propia de la casa de verano de un rey, estas son solo algunas de la antiguas características del antiguo palacio de Sans Souci. Un edificio en ruinas ubicado en el centro de Haiti, el cual tenía “la reputación de haber sido uno de los edificios más magníficos de las Indias Occidentales”.

Este fue el palacio preferido de Henri Christophe, un ex esclavo haitiano el cual según cuenta la historia había luchado en la Guerra Revolucionaria Americana junto a George Washington, y luego pasó a ser un líder clave en la Revolución Haitiana en 1804, cuando la pequeña nación se independizó de Francia. Cuando los europeos abandonaron la isla el se proclama su nuevo rey, y mandó a construir este palacio para demostrarle al mundo lo que una nación “negra” podría lograr.

El palacio se ubicada en la localidad de Milot, una bella localidad rodeada de verdes montañas en el norte de Haití. El joven rey mandó a construir su palacio en una tierra bien conocida por el, ya que esta era una antigua plantación colonial francesa, en la cual él mismo había trabajado como capaz hasta que estalló la Revolución.

Construido en 1810 y completado en 1813, Sans Souci estaba a la altura de cualquier otro gran palacio europeo. Según las crónicas de la época su diseño fue inspirado en el Gran Palacio del rey prusiano Federico II, que se encuentra en Potsdam, en las afueras de Berlín. Palacio con el cual casualmente, o quizás no, comparte el mismo nombre.

Cerca de Milot, siguiendo un sendero detrás del palacio, se encuentra una monumental fortaleza, la Citadelle Laferrière. Emplazada en la encima de la montaña, fue mandada a construir por Henri Christophe para repeler una posible invasión francesa, ataque que nunca ocurrió porque la antigua potencia colonial, reconoció la independencia del país en 1825, cuando Haití acordó pagar una indemnización ruinosa de 150 millones de francos a cambio de restablecer las relaciones diplomáticas y económicas.

Henri Christophe, conocido como el Rey Enrique I, disfruto pocos años de su palacio, ya que en 1820 al encontrarse parcialmente paralizado después de sufrir un derrame cerebral, decidió quitarse la vida en sus jardines utilizado una bala de plata, digna de un rey. Su hijo y único heredero real, murió bajo el ataque de una bayoneta ese mismo año por los revolucionarios, terminando así con una de las monarquías más controvertidas del caribe.

Unos pocos años, como una ironía del destino, el mismo palacio sufrió la misma suerte de su creador. En 1842 un fuerte terremoto azotó a la isla de Haití, destruyendo gran parte del palacio, así como otras ciudades cercanas. El Versalles del Caribe nunca fue reconstruido y hoy solo podemos ver su esqueleto en pie. El único sobreviviente de este gran temblor fue la vecina catedral de Milot, una iglesia que se destaca por su gran cúpula, la cual está a los pies del antiguo palacio y todavía sigue en uso.

Llegar hasta el palacio no es fácil para los turistas, sin embargo es posible hacerlo contratando a algún taxista en la ciudad vecina de Cabo Haitiano, para que nos lleve directamente hasta los escalones en ruinas. Allí hay varios guías esperando por los visitantes ademas de algun que otro puestos para vender recuerdos. Después de explorar las ruinas del palacio de Sans Souci, se puede seguir viaje por la montaña, donde a lomo de caballo se puede subir hasta la Citadelle Laferrière, otro icono de la antigua monarquía haitiana.

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