Inaugurado en 1936, Este impresionante rascacielo Art deco de 120 metros de altura fue en su momento el edificio de hormigón armado más alto de Sudamérica y es sin duda todavía uno de los edificios más bellos de todo Buenos Aires.

Esta torre fue construida por la Familia Kavanagh, y según dice una leyenda popular, su historia está envuelta en un manto de humillación y venganza.

En la década del 30, Corina Kavanagh era una hermosa y decidida mujer. Proveniente de una familia enriquecida, eran llamados despectivamente “nuevos ricos”, por las familias tradicionales de la aristocracia argentinas.  Cuentan que por aquellos años la mujer había mantenido una historia de amor con un joven de alta alcurnia hijo de Mercedes Castellanos de Anchorena, la que se oponía tajantemente a la relación y que logró hacer que terminara.

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Dicen que dolida, humillada y decidida a tomar revancha, Corina elaboró una venganza sin sangre…pero con ladrillos. Los Anchorena eran una familia de las más tradicionales del país, de una fuerte raíz católica, mandaron a construir la Basílica del Santísimo Sacramento, hoy un templo abierto a la comunidad pero por aquellos años realizado a pedido de la familia para que se convirtiera en el sepulcro familiar. La familia vivía en el palacete que hoy es la Cancillería, justo del otro lado de la Plaza San Martín. Pero la intención de la matriarca de los Anchorena era comprar un lote vacío que estaba justo enfrente a la iglesia, para construir su nueva mansión y que la parroquia quedará así anexada.

Paradójicamente, si hoy alguien quiere mirar de frente la actual basílica del Santísimo Sacramento, debe pararse en el pasaje “Corina Kavanagh” Dispuesta a golpear donde más duele, cuentan que Corina Kavanagh redobló la apuesta y tras comprar el solar, ordenó al estudio de los arquitectos Sánchez, Lagos y de La Torre (célebre en la época) la construcción de un gran edificio con una sola intención: tapar completamente la visual de la iglesia desde muchos ángulos. Pero, y principalmente, desde los ventanales de la mansión de los Anchorena.

Para lograr su cometido, cuentan que la mujer tuvo que vender varios campos que poseía, pero el objetivo se cumplio y en tan sólo 14 meses que demoró el levantamiento del edificio: Hoy, desde el único lugar donde se puede ver la iglesia es el pasaje que corre entre el hotel Plaza y la torre, que se llama…Corina Kavanagh. Aunque no está abierto al público para su visita, si podemos maravillarnos con su arquitectura desde la plaza San Martín, en una de las zonas más bonitas de la ciudad.

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